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San Salvador, 18-24 de agosto de 2003
 
 
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Plática con Carlos Ruiz, cónsul de la embajada de España en El Salvador

"La gente no sabe que el oro no nos lo llevamos nosotros" (II)

José Luis Sanz / Fotos: Guillermo Berríos
cartas@elfaro.net
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Por tu cargo diplomático supongo que no puedes opinar de la propuesta de ley antimaras de Flores.
No, la verdad es que no la he seguido mucho estos días…

Pero has leído los periódicos…
Si, he leído los periódicos, pero con el tema de mi traslado, lo cierto es que no he leído mucho de la ley antimaras. En todo caso, si tu apruebas una ley antimaras, tienen que existir los mecanismos judiciales para poder retener a esas personas, acusarles o imputarles algún delito.
Si detienes a alguien es porque cabe dentro de algún tipo de delito. Vamos a ver cómo los legisladores trabajan para que eso sea posible… Pero algo hay que hacer con los índices de violencia de este país, porque de lo contrario eso afecta negativamente a todo, a la vida ordinaria, al turismo…
Una de las grandes causas del bajo índice de turismo de este país es la inseguridad. El Salvador tiene unas playas magníficas y unas oportunidades turísticas pelotudas para que la gente viniera aquí. Y me consta que es un problema que preocupa a los gobernantes, que están intentando idear soluciones.

(Llega Carlos y se incorpora a la plática) ¡Pero bueno… cuánta gente aqui!
Oye, te he visto en el aeropuerto esta mañana… (Carlos se sonroja, porque por error ha acudido a Comalapa ¡un día antes de su vuelo!). Ja, ja, ja, ja, ja, ja.

(Le damos la noticia de la marcha de su tocayo, y Carlos se lanza: "¿Y cómo estás?")
Bien, porque la verdad es una oportunidad. Al trabajar en Moncloa, siempre conoces un poquito cómo se cuece el bacalao, y sobre todo, yo creo que se va a vivir una etapa muy interesante, porque Aznar tendrá que dar el nombre de su candidato como muy tarde en el mes de noviembre. Incluso antes. Y yo trabajaré con él y con quien gane las próximas elecciones.

¿Entonces te vas a apartar un poco de la línea cultural?
Si, bueno, lo que pasó aquí que yo dirijo el centro cultural es excepcional, porque normalmente los centros culturales en España o el extranjero están dirigidos por directores de centro que no son diplomáticos, sino expertos en gestión cultural contratados desde España. Lo que ocurre es que aquí, por problemas burocráticos, el Centro no tenía un presupuesto propio y el consejero cultural, que soy yo, lo dirigía. Y para mi dirigir el Centro Cultural ha sido una experiencia buenísima.
Yo creo además, y me voy a hacer un poquito de propaganda, que se le ha dado un buen aire al Centro Cultural. Con esto no quiero decir que el que estaba antes de mí no lo hiciera bien, pero se ha mejorado en calidad, se ha racionalizado mucho más el presupuesto, se han hecho actividades muy diversas…

Se han hecho actividades sin precedentes de intercambio cultural.
Si, muchas. Y también hemos colaborado, lo cual es importante, porque el presupuesto de un centro cultural es muy limitado, con instituciones españolas, por ejemplo la exposición Suitte Vollard de grabados de Picasso del Museo de Arte de El Salvador. Para este Museo tener exposiciones como esta es un hecho histórico dentro de la historia artística del país.
O traer ahora a José Luis Fajardo, y al año que viene espero que desde Moncloa yo pueda hacer un poquito más de presión para traer a alguien de primera categoría de España.
Además, se ha colaborado mucho con las instituciones culturales fuertes españolas y con las salvadoreñas. Creo que se han hecho muchas cosas. Aparte de los grandes nombres de la cultura salvadoreña, como Camilo Minero, también se está dando cabida a muchos pintores jóvenes que por la estructura de galerías de San Salvador no tenían cabida o tenían más difícil encontrar su espacio. El Centro Cultural se ha vuelto una alternativa para la gente joven, se han hecho muchos premios, como el premio de pintura, el premio de novela con la Embajada, con el grupo Santillana…
Se han hecho muchas cosas con mucho trabajo y metiendo muchas horas. La verdad es que durante estos dos años hemos trabajado mucho.

Además, sois cuatro gatos
Si, la verdad es que somos muy poquitos, pero somos de un pelaje de primera clase. Además, nos divierte muchísimo trabajar, y hacemos de puta y Ramoneta, es decir, de todo.

Nosotros sólo hemos visto la parte de Ramoneta, ja, ja, ja, ja.
Si, lo de puta lo voy a dejar para los archivos históricos de la Embajada, que no se pueden ver mas que con autorización…

Ja, ja, ja, ja. Cuéntanos los detalles…
No. Tampoco es para tanto. Pero hemos trabajado mucho… vamos, yo estoy agotado. Si te soy sincero, estoy supercansado. Y necesito unas vacaciones, pero no tengo tiempo.

Imagino que ahora estarás en el recuento de los daños…
Si. Por cierto, eso de los daños es una expresión…

De Gloria Trevi, ja, ja, ja. Porque has empezado muchas cosas en el terreno cultural y yo creo que ahora que vas a salir, sería interesante que nos contaras tus valoraciones.
Si te soy sincero, en dos años es muy difícil. Ha habido grandes cambios, como por ejemplo, el espacio que ha brindado el Museo de Arte. Yo conozco bastante bien todos los países centroamericanos y las instituciones culturales, y creo que no hay otro espacio como este en toda Centroamérica. Ni el Museo de Arte Moderno de Panamá ni nada. Y yo creo que se va a conseguir meter al Museo dentro de las redes internacionales de colecciones. Antes las colecciones pasaban de México a Costa Rica o de México a Colombia, pero ahora se van a parar en El Salvador.
¿Sabes? Centroamérica es un espacio tan pequeño que la interrelación cultural tendría que ser mucho mayor de lo que es, que no hubiese una frontera física realmente. Eso nos llevaría al tema de la integración económica y aduanera y tal, pero que hubiese un fluido constante de artistas, de obra, sobre todo entre Guatemala y El Salvador, porque con Honduras sería un poquito más largo.

(Hasta ahora la charla ha corrido desenfadada, saltarina en temas y risas. Aprovechando la llegada del mesero, pensamos por primera vez en si el lector reconocera alguna coherencia en la plática. Tal vez deberíamos reconducirla, pero somos algo inconscientes y nos limitamos a cruzar los dedos).

Ha salido una colección de cuentos iberoamericanos. Y a mi me sorprendió cuando el compilador dice que el problema es que los autores hondureños conocen mucho más lo que se está publicando en España que lo que se está publicando en El Salvador.
Hay una realidad que es insoslayable, y es que el cincuenta por ciento de los libros en idioma español que se venden en el mundo se venden en España. De cuatrocientos millones de potenciales lectores, son cuarenta millones de españoles quienes compran el cincuenta por ciento de todos los libros de un mercado. Por eso Sergio Ramírez o Xavier Velasco ganan un premio Alfaguara, les publican en España, y se les abren las puertas del mundo.

Estamos hablando de otras cosas, pero me estoy imaginando tu vida en la Moncloa… ja, ja, ja.
Ja, ja, ja, ja, si. Pero bueno, alguna vez tenía que volver al estereotipo del diplomático que sólo se ocupa de colocar las mesas y poner los cubiertos, ja, ja, ja.

Tu no eres un diplomático muy al uso. Sólo por el modo de llevar la corbata y la camisa, la primera vez que te vi dije: ¿y éste?
Eso es porque es moda italiana, ja, ja, ja, ja, ja. (…) No, pero la apariencia engaña. Me toca poner muchas mesas y muchos cartelitos también. Parece una tontería, pero lo del protocolo la verdad es que es importante, porque mucha gente se enfada con eso.
Me acuerdo de una anécdota en la Conferencia de Paz de Madrid del 91, en la negociación entre los israelíes y los palestinos. Se puso un mantel verde en la mesa de negociación. Los de protocolo de España no se dieron cuenta. Y el verde es el color de la bandera palestina. Los israelíes se negaron a sentarse en la mesa y hubo que cambiar el mantel.

Se pasaron meses diseñando aquella mesa para que nadie estuviera en el centro y luego la cagan con el mantel, ja, ja…
Si, bueno, eso se cuenta en el Ministerio, no sé si será verdad o no, pero yo creo que es verdad.
Luego también están las típicas historias de quién habla antes, quién habla después… sobre todo, a quién sientas en qué sitio en la mesa, porque tu puedes dirigir una conversación simplemente sentando a una persona en un sitio o en otro. Si pones a una persona con la que no quieres hablar en una esquina, evidentemente no va a hablar. Y eso se hace muchas veces.

O sea, que yo que estoy en la esquina me tengo que quedar callado.
Tú no te callas ni muerto, ja, ja. Tu eres capaz de hacer una pregunta al presidente de Taiwan en chino. Si algún día llegas... Cosa que dudo.

(Las carajadas se reparten a discrección y los ingenios se ponen alerta. Está visto que en este juego de bromas hay que matar o morir) Pues tendrías que haberlo visto peleando una pregunta con la competencia cuando vino Aznar.
Si, y aquí estaba todo muy controlada, con un número concreto de preguntas… Eso extrañó mucho a los periodistas españoles.

Es que en la Moncloa tienen hasta bar para los periodistas.
Sí.

¡Qué gran país, España!
Ja, ja, ja, otra vez volvemos a los estereotipos del periodista agarrado a la botella, que compartimos algunos diplomáticos, ja, ja. Bueno, "for the record": estamos todos tomando café, ¿eh?

¿Cuesta trabajar con los diplomáticos que se ajustan más al estereotipo?
Un poquito más, sí. Si te soy sincero, me entiendo mucho mejor con un embajador que solo tiene diez años más que yo que con un diplomático de la vieja escuela, que tiene setenta años. Hombre, yo respeto mucho a los embajadores, y además algunos tienen muchas tablas tras cuarenta años en la diplomacia, pero me entiendo mucho mejor con uno de mi quinta, con un tío moderno, con el que pueda hablar, al que le pueda decir lo que opino.
Según dice el Código Militar, la lealtad en el ejército es decirle a tu superior lo que piensas, ser sincero, y cuando él te diga que hay que hacer lo contrario, hacer lo contrario. En ese tipo de lealtad me sitúo yo.

¡Como en la redacción de un periódico!
Ja, ja, ja, ja. La única diferencia es que en la carrera diplomática no nos pueden echar, ja, ja, ja. Aquí en El Salvador no hay una carrera funcionarial, porque no hay un régimen de oposición de entrada a la administración y porque no hay una función pública, pero en españa si trabajas para el Estado ningún gobierno te puede echar… a no ser que hagas una muy gorda, claro.

"La gente no sabe que el oro no nos lo llevamos nosotros" (III)


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