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San Salvador, 18-24 de agosto de 2003
 
 
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Plática con María Isabel Rodríguez, Rectora de la Universidad Nacional

“Buscaré reelegirme”

Es una rectora hecha y derecha. María Isabel Rodríguez, la primera mujer en alcanzar el máximo cargo de dirección de la Universidad Nacional, brilla no sólo por su amplia experiencia en formación de personal y una brillante carrera profesional, sino por su sencillez y su franqueza. No rehuye los comentarios fuertes para quien los merece ni sustituye con respuestas esquivas los temas espinosos. Habrá quien piense que sus más de setenta años le dan justo derecho para ser una misma. Quien la conoce desde hace tiempo sabe que siempre lo fue.
Ha llegado a Punto Literario, un lugar que asegura que “no conocía”, un sábado a las cuatro de la tarde. De inmediato ha anunciado a cuanto personal del lugar se le acerca que se ha convertido desde ya en un cliente fiel. Y, por supuesto, no se va sin comprar un libro: “Salvadoreñismos”, de Matías Romero. Fiel lectora de El Faro, asegura que viene dispuesta a tratar cualquier tema, desde la reducción del presupuesto para educación hasta su particular infancia, rodeada de mujeres vanguardistas y camino para convertirse en una de ellas.
Carlos Dada / Fotos: Walter Sotomayor
cartas@elfaro.net
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María Isabel Rodríguez, Rectora de la Universidad Nacional

Dicen que usted es una de las personas más respetadas y menos apoyadas del país
Así es. Vaya, se apoya con cariño, con amistad, pero el apoyo que no se tiene es el financiero.

¿Y porqué?
Yo tengo la convicción de que tenemos que trabajar mucho para concienciar al país entero, incluidas las autoridades gubernamentales, de que invertir en educación superior es invertir en el desarrollo del país, y creo que no están convencidas las autoridades. Gente de Hacienda, el mismo ministro de Educación, nos han convencido de que mientras no resolvamos los problemas de la educación elemental no tenemos por qué aspirar a hacer inversiones importantes en la educación superior, y creo que es un grave error. Así podemos pasar otro medio siglo en subdesarrollo.

¿Tanto así?
Este mundo globalizado deja algunas enseñanzas ventajosas: los países que se han desarrollado rápidamente, lo han hecho porque, pese a que fueron pobres en determinado momento, tuvieron la capacidad de invertir en ciencia y apoyar la tecnología. Y no sólo la transferencia, sino la producción de tecnología propia y sobre todo la investigación, para ser capaces de ir en corto plazo a la aplicación tecnológica.
¿Sabe? Invitamos al embajador de Japón a que nos explicara qué es la Ciudad de la Ciencia, que es un típico ejemplo de cómo se da ese salto cualitativo después de la pobreza enorme que queda en Japón después de la Guerra Mundial, y de cómo muy inteligentemente, en momentos tan difíciles, se es capaz de invertir en educación superior y desarrollo tecnológico. Yo quisiera que nuestros funcionarios entendieran eso.

A ver. La tesis de la Reforma Educativa es que no tiene sentido invertir en educación superior si los alumnos no tienen una base sólida, y por eso se apuesta a la educación básica.
Pero mientras usted no tenga una capa superior que planifica, que orienta, que capacita, no puede tener tampoco un sistema educativo de alto nivel que llegue a modificar las condiciones de los estudiantes de los primeros niveles.

O sea, que nos quedaremos esperando a que aparezcan genios.
Hemos estado gastando mucho tiempo y esfuerzos, pero bien invertidos, en algo en que el Ministerio de Educación nos está apoyando: la identificación de niños talentos en el campo de las ciencias, en el campo de las matemáticas. Son disciplinas que habitualmente le crean fobia al estudiante, y por consiguiente los resultados en el sistema educativo nacional son pobrísimos, no llega ni a 40 por ciento a nivel nacional el rendimiento de los estudiantes, de la PAES.

¿Cómo escogen a los niños talento?
En el caso de nuestros muchachos tenemos que hacer una selección bastante fina todo el año, porque son muchos. Se quedan muchos fuera, porque la universidad no tiene capacidad para tanto. Vienen todos los sábados a recibir matemáticas, física, química… Y vienen de lugares increíbles. Yo me quedo asustada al ver cómo padres de La Unión, de Polorós, de Las Chinamas, de Zacatecoluca, de todos lados, acompañan a sus hijos para que vengan de ocho de la mañana a una de la tarde. A mí me interesaron mucho las matemáticas en toda mi vida, y me acordaba del rechazo de mis compañeros a las matemáticas.

A usted por lo visto le interesó mucho todo
Ja, ja, ja. Sí, pero las matemáticas me sirvieron mucho después para mi carrera profesional. Yo nunca hubiera ni pensado que iba a manejar las matemáticas como las manejan estos niños de diez años, que vienen desde el séptimo grado manejando cálculo integral. ¡Yo lo aprendí cuando iba a hacer mi postgrado!

Y yo nunca lo aprendí, ja, ja.
Ja, ja, ja, ja. Pero es una forma de enseñar a algunos a pensar, a desarrollar su capacidad de análisis. Y otros niños manejan trigonometría, algoritmos… Están manejando matemáticas de los últimos años, que manejan estudiantes de postgrado, y hemos hecho experimentos interesantes con ellos. El año pasado introdujimos disciplinas como la genética, que es una materia dura, y no se imagina con qué facilidad la manejaban estos niños. No es porque no tenemos talento que no hay ciencia en este país, sino porque no estamos apoyando los talentos que tenemos.

Yo conozco la historia de un salvadoreño, creo que de Santa Ana, que soñaba con ser cajero de un banco y en los años de la guerra tuvo que emigrar. Ahora es un científico muy respetado en Estados Unidos. Lo deja a uno pensando cuántos genios no mueren en este país sin descubrir su verdadero talento, por falta de oportunidades…
Sí, es muy interesante. Por eso estamos trabajando en ese sentido. Yo me enamoré de un programa en Washington que tiene un salvadoreño, Carlos Vela. Él decía hace cuatro años que tenía el mejor programa del mundo, pero ahora dice que es el nuestro. Allá se desarrolla con el apoyo de las mejores universidades de Estados Unidos, y lo está desarrollando con comunidades muy pobres, de salvadoreños también. Incluso llegaron los de la NASA a ver el programa, y decidieron apoyarlo.
Pero quien vea a los niños aquí se enloquece. Alguien dice que bueno, son excepcionales; yo creo que esos niños si no se hubieran identificado se habrían perdido.

Pero entonces se vuelve un círculo vicioso: sin formación sólida no hay buenos universitarios, pero sin buenos universitarios no hay buenos profesores elementales. ¿Dónde se rompe el círculo?
Se rompe teniendo muy claras las metas y los tiempos. La Universidad propuso en determinado momento la formación de ocho mil maestros de matemáticas para educación secundaria. Al cabo de tres años se habían formado trescientos. ¿Qué vamos a hacer si la población estudiantil está creciendo y en este momento hay un desempleo grande de maestros? Está fallando la prioridad que se le está dando a la educación.

Pasa como con los médicos que trabajan en la zona rural: espacio para que trabajen hay, estudiantes y médicos que puedan dar ese servicio hay... Lo que no hay es plazas para absorberlos. No hay una política de absorción de los cuadros que se están formando. Si a mí me demostraran que no se necesitan más médicos o maestros en este país lo acepto. Pero tenemos muchos lugares en los que no hay escuelas, o hay escuelas y no hay maestros.

En plena crisis de salud usted le dijo a El Faro que temía a la propuesta del gobierno porque en lugares como Inglaterra terminaron exportando pacientes e importando médicos. A usted le toca el tema de salud de manera personal, siendo doctora, según parece.
Sí, los ingleses ahora están recogiendo las tristes y amargas experiencias del periodo de la Thatcher, en ciencia, en educación, en salud, en todo el sector social. Ahora el gobierno inglés se cuestiona el futuro de la educación superior y la inversión en ciencia y tecnología, ahora hacen el mea culpa. Dicen que por todo este tiempo perdido Inglaterra se quedó debajo de todos los países de Europa y de Estados Unidos en cuanto a inversión, y necesitan recuperarlo en un periodo de reinversión rápida. Pero al menos lo están haciendo.

Pero Inglaterra sigue estando mucho mejor que nosotros.
Claro, pero recuerde la historia: aun esos países con grados de desarrollo avanzado tienen problemas cuando un gobierno cambia la prioridad. Esta tendencia a dar mayor prioridad a lo económico que a lo social, que ha recorrido el mundo, hace que queden aplastadas las demandas fundamentales de la sociedad. Aunque en este caso la reversión ha sido muy rápida, porque los causantes del problema como el Banco Mundial ahora reconocen sus errores.

Pues parece que ese mea culpa no ha llegado a El Salvador
Yo espero que les llegue muy pronto. Creo que este es un buen momento, por la campaña presidencial, para hacer esos planteamientos a los candidatos y ver qué van a decir.

Oiga, pero campañas presidenciales ha habido muchas, y el presupuesto de la Universidad ha descendido escandalosamente en los últimos veinte años.
Mire, en el año ochenta le convenía al gobierno de turno mantener tranquila a la Universidad y pagar a los profesores para que no trabajaran, y eso fue un gran nido de corrupción. Pero en ese momento el presupuesto de la Universidad era el 3,5 por ciento del presupuesto nacional. Hoy es el 1.17, y eso que han venido dando gotitas en estos tres años, y que me han dado al menos un presupuesto por fin para la investigación.
Y que conste: lo otorgó la Asamblea, que le quitó una tajadita a la Corte Suprema de Justicia. El gobierno no había querido abrir la partida de investigación. Nos decían que consiguiéramos dinero de otras fuentes. Luego me dieron cien colones.

Me imagino que se le fueron en el papel para agradecerles
Quien me ayudó mucho fue Mauricio Funes, porque me invitó a su programa justo después de la dolarización, cuando aparecieron en la partida diez dólares. Eso Mauricio lo dijo y llegó a la Asamblea: los diputados me preguntaron cuánto pedía para investigación y yo les dije que $1 millón 200 mil, y no sé cómo le hicieron ahí pero salieron $500 mil. Esa ha sido la multiplicación de los panes y los peces.

Cómo no, de 10 a 500 mil…
Imagínese. A mí no me interesa quién se lo quiere atribuir, pero la Universidad ahorita tiene una gran cantidad de investigadores. Hay una canción aquí que se llamaba la Bartola (los dos cantamos a coro: “Mira Bartola, ahí te dejo esos dos pesos…” y estalla la carcajada). Eso es lo que hemos hecho con ese fondo: proyectos de investigación. Bueno, se ha hecho de todo, ha sido una inversión bien utilizada. Pienso que llegará un día alguien que logre decirle al Ministro de Hacienda que piense más en el hombre que en los números. Aquí es al revés. El déficit fiscal yo no niego que se debe de corregir, pero hay que ver cómo distribuimos los presupuestos.

¿A quién le quitaría usted?
Eso no se lo voy a decir (Ríe, como quien está a punto de decir una picardía pero es detenida por la cordura) Voy a empezar por el lado más sensible, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja. Alguna vez deberíamos de hacer el ejercicio nacional de poner los elementos del pastel que tanto se usan y ver a quién se le está dando más dinero aún de fondos que no se reportan, porque son partidas que no se publican.

De esas sólo hay una, doctora.
Ja, ja, ja, ja. De esas hay una, efectivamente. Hay una cosa interesante en el pasado de la universidad: eran otras condiciones económicas, pero se abrieron facultades enteras gracias a contribuciones, centavitos. Hasta los contadores, cuando crearon la Facultad de Economía, gastaban 500 colones mensuales comprando alguna máquina de escribir, y se la llevaban a la universidad… Como que hay algo interesante en la actitud de nuestra gente. Ahora, por más que hablemos y definamos principios básicos de comportamiento, hay una palabra que en muchos grupos parece hueca: “solidaridad”. Es un mundo en el que el egoísmo campea. La solidaridad ya no es el principio, la guía de nuestra sociedad.

Lo dijo usted de manera más dura hace poco en México: pidió “analizar y concienciar sobre los efectos devastadores de un sistema que está por encima de lo social y lo único que le importa es el dinero”.
Ah, ja, ja, ja, ja.

¿Pensaba que no lo íbamos a saber?
Ja, ja, ja, ja. Es el equivalente de la diplomática a la que yo le decía que la dimensión económica está por encima de la dimensión social, y lo que uno quisiera es ver al hombre en el centro. Pero ahora es al revés.

¿Alguna vez ha hablado de esto con el presidente de la República?
Al inicio de la gestión… Estaba fresquito también el gobierno. Hay que tomar en cuenta que los gobiernos se van desgastando. Yo llegué donde el presidente, y de ahí salió el arreglo para los edificios de la universidad. Yo le propuse, y en principio creí que me lo había aceptado, que hicieran el esfuerzo por aprobar presupuestos más largos, porque aquí se comete el error de aprobar presupuestos anuales, y una institución educativa no puede tener una planificación de un año sin prever lo que va a ocurrir el siguiente año.

Los proyectos duran lo que dura una generación, y yo le pedí que el presupuesto llegara al dos por ciento o tres por ciento, que al siguiente año incrementara al 2,5, el otro al tres… pero que sepamos al menos cuánto tendremos los siguientes cuatro años, para que aumente el fondo de becas. El 70 por ciento de los estudiantes de la Universidad de El Salvador están en el nivel de pobreza o por debajo de él. Me dan cien mil dólares para 35 mil estudiantes. Yo le pedí que aumentaran aunque fuera el cinco por ciento de becas anuales.

Pero qué curioso, en un país en el que todos los políticos se llenan la boca diciendo que la prioridad es salud y educación…
Así es. A veces yo pienso, como le decía una vez en una discusión al señor Daboub, que qué diferente sería si en vez de pensar en los números pensaran en la gente, porque los números son una expresión de las necesidades de la gente.

¿Y qué le dijo?
Que él era un universitario. Él tiene una buena formación, pero que la realidad concreta es atender el déficit fiscal. Es la respuesta que siempre nos dan. Y a veces lo interesante es que los propios titulares, incluso el propio doctor Daboub, entienden la situación, pero su personal ya está tan compenetrado en recortar… tanto empleados como analistas.

Pues ya está. Recortemos a esos analistas.
Ja, ja, ja, ja. A principios de año no teníamos en qué sentar a los estudiantes, y los diputados aprobaron los $2 millones en sesión plenaria. Pero ahí, con tal de no comprometer fondos del Estado, Hacienda pidió que los pusieran con cargo a un crédito del gobierno español que ya estaba aprobado. Fue solamente una manera de engañarnos.

¿Por qué dice eso?
Porque luego, cuando fuimos a negociarlo, empezaron las dificultades en Hacienda. Incluso pedimos ayuda a la Embajada española. Pero estamos en agosto y no ha salido un centavo de ese crédito. Yo ahorita lo voy a llevar a la Asamblea y les voy a decir: “Esto es lo que ustedes aprobaron, pero hubo mecanismos para que no se usara”. No hay voluntad política.

¿Tendrá que ver eso con usted personalmente?
Yo creo que al contrario. Para nosotros la reconstrucción de la Universidad ha sido un éxito. Si usted transita por la Universidad ahora es otra universidad. Estuve en Santa Ana el viernes pasado, y ha quedado preciosa. Con el mismo fondo nos alcanzó para construir Oriente y Occidente. Yo les decía a los profesores y estudiantes de Santa Ana que no vean las construcciones se pueden medir como que qué bonitas quedaron las paredes y las ventanas. La nueva estructura física debe generar nuevas condiciones de trabajo que favorezca el trabajo en conjunto. El ambiente físico es una condición para el trabajo académico.

Es el principio de la arquitectura…
Claro. Así es. Y la otra cosa es que el mundo resuelve sus problemas con enfoques multidisciplinarios. Ya se acabó la época del “este pedazo es mío”. Las instalaciones deben ser utilizadas en forma flexible. Las aulas están hechas para ser compartidas. En derecho y economía fue una batalla campal. Economía no quería compartir las aulas, porque estamos acostumbrados al sentido de propiedad, nada solidario.

Pero algo va cambiando…
Claro, y yo estoy entusiasmada. Pero le aseguro que ni en cincuenta años hubiéramos logrado la reconstrucción de la universidad sin ese presupuesto. Porque la negociación esa nos costó mucho, desde que me decían que yo estaba vendiendo la universidad al gobierno.

El suyo parece un trabajo que en un año dejaría a cualquiera tirando la toalla.
Pero es estimulante, digo yo. Para mí cada dificultad me genera ganas de pelear. No cambia uno a la gente de la noche a la mañana, esa es la desgracia. Veinticuatro horas perdidas en la vida representan una pérdida de posibilidades y de inversión en su propio desarrollo.

Ya ve porqué trabajamos nosotros también los sábados y domingos
Ja, ja, ja, ja.

Pero creo que todos nos quedamos con la boca abierta, después de tantas advertencias y temores de que los nuevos edificios terminarían pronto hechos pedazos por los estudiantes, y ni siquiera hay una pinta casi un año después.
Ya ve, ahí resolvieron con mantas. Y la ingeniera jefe de desarrollo físico no nos ha hecho caso. Cuando haya una pintura a ella le vamos a echar la culpa porque nosotros queríamos que se pusieran murales. Que pusieran tablas o algo bonito para que dijeran lo que quieran, porque la gente tiene necesidad de decir lo que tiene adentro. Ahora han optado por las mantas y no han maltratado las paredes.

Eso significa también que algo ha cambiado entre los estudiantes…
Sí. Y que conste que yo creo que la mayoría de los estudiantes son de mente muy clara, muy conciente y están dispuestos a que la universidad siga creciendo. Pero todavía no es tan lejano el tiempo de la guerra. Hay personas que empujan y manipulan algunos grupos pequeños estudiantiles porque todavía añoran la posibilidad de volver a una guerra. No hay un análisis político ni de factibilidad, pero viven soñando.

¿El BRES?
Por fuera del BRES y de la Universidad, grupos políticos.

A ver, ¿Cómo quién?
Por escrito no lo voy a poner o me hacen un juicio.

Usted sólo dígalo, yo me encargo de escribirlo.
No. Ahí se manifiesta en buena parte la tendencia revolucionaria. Ahora también vivimos internamente una situación parecida a la que vive el país guardando las proporciones. Comienza la campaña interna, y en octubre hay cambio de autoridades. Pero curiosamente en la universidad la campaña no ha empezado.

Cómo no. Usted era muy amiga del doctor Fabio Castillo, y según sé él le ha retirado el apoyo a favor de otra persona. ¿Cómo se siente?
Yo me siento muy mal porque el doctor Castillo ha sido como un hermano para mí. Y además está apoyando a un apersona yo diría que sin méritos, a la que él ha criticado mucho toda la vida. La idea es que yo salga de rectora y él salga de vicerrector académico mío… (Fredy llega a ofrecer una bebida y un postre. Le lee la carta. Chocolates, almendras, etc… “¿Ustedes se especializan en el engorde?” Dice la doctora. Fredy, circunspecto, saca la lista light, un té y un ligero pastelito de manzana. El menú le da a la doctora un motivo ideal para hablar de salud, de ejercicios, de dietas. Ella misma rompe el tema y me mira seria). Mire, ¿Y usted cómo sabe lo del doctor Castillo?

Soy periodista doctora... Ahora pregunto yo. ¿Eso significa que usted buscará un nuevo periodo como rectora?
Sí. Estamos trabajando eso. Estoy planteándome a mí misma la evaluación de todo lo que hemos hecho y pensando en que hemos ganado muchísimo, pero que hay que consolidar muchos proyectos. La Universidad debe jugar el papel de agente de desarrollo, en el terreno multidisciplinario ya en oriente hemos logrado mucho. Estoy en búsqueda de un proyecto que yo creo que va a desarrollar todo San Vicente no sólo como ciudad, sino como departamento y como región, y eso me hace pensar que yo podría en este momento entrar en un periodo que es decisivo y crítico para la universidad con la meta concreta de asegurar lo que yo le llamo “la generación del relevo”, que debe entrar inmediatamente que yo salga de la universidad.

¿Llegaría hasta el 2007?
Sí, por ley tengo derecho a un periodo más. No más. Nadie se puede perpetuar. Yo quisiera tener ya lista a la gente y esos cuatro años dedicarlos a la gente que debe seguir para que no haya más la amenaza de situaciones como la que estoy viviendo, que todavía se atreven a salir de candidatos gente que no puede ser. Creo que poco a poco ese mismo hecho de que no haya surgido hasta hoy, a dos meses, otro candidato, quiere decir que la gente ya está pensando seriamente. Yo estuve en una competencia en que éramos ocho candidatos. Ahora no han salido, y no creo que salgan a tan poco tiempo. Sólo la fórmula de Fabio Castillo, y no entiendo porqué, por que él está enfermo. Pero es terco…

Hablando de terquedad, con tantas cosas en contra, externas e internas, quedarse otro periodo más requiere entre otras cosas cierta terquedad, ¿verdad?
También. Mire, si yo hubiera decidido sola, quizá se podría decir que la terquedad mía es esa. Pero yo había dicho que terminaba ya. Han sido mucha gente, docentes, estudiantes, que han estado presionándome para que continúe. Si yo no tuviera esos apoyos y una manifiesta posición favorable en la universidad… Y sigo trabajando, y estamos cerca de la elección y todavía no nos lanzamos, pero creo que ya lo vamos a hacer.

Hay un problema también de la calidad de la educación, que tiene que ver con la capacidad de la universidad para atraer para atraer a profesores de alta calidad.
Esa capacidad es muy alta. La universidad podría tener en estos momentos a los mejores profesores del mundo, y tiene solo una limitante: la económica. Estamos trayendo a gente excelente por periodos muy cortos, y a través de ayuda, de convenios. Yo estoy tratando de que pueda venir gente a hacer aquí su año sabático, pero necesitamos y estamos por conseguir varios proyectos para eso. Los periodos más largos sí dejan huella. Los intercambios de mandar becarios fuera son buenos, pero eso tiene que ser compensado por gente que de ese mismo lugar se venga a crear el ambiente académico, para que esos becarios puedan venir a trabajar.

Suena más fácil traerse a uno que llevarse a veinte…
Sí, y yo lo estoy hablando con la Fundación Carolina, que otorga becas a granel, y la gente de la Comunidad europea, porque no hay seguimiento a estos becarios. Aquí el crecimiento de la educación superior dio por resultado una gran masa de profesores, pero no de alta calidad. Hay, pero no suficientes para la demanda de las universidades. Hay una gran cantidad de tareas para el profesor y a veces revienta, y con el sueldo que tienen… Hemos hecho una escala de sueldos, pero no nos la van a aprobar.

¿Cuánto gana un profesor?
Los bien pagados alrededor de mil dólares. Hay otros que andan en los cuatro mil colones, en los cinco mil… y usted comprenderá que a veces personas con maestrías, doctorados, con años de estudios ganando eso es difícil retenerlos. Les ofrecen mucho más en el gobierno o en las empresas. La pelea este año ha sido convencer a las facultades de que hay que invertir en nueva gente. Y no tenemos mucha gente joven, nos cuesta conseguir una placita más.

Entiendo que usted es la primera rectora de la Universidad Nacional.
¡Qué atrevimiento! ¿verdad?

¿Cree usted que todavía está el país para verlo así?
Pues mire, a veces a uno le tocan circunstancias especiales. No es una definida posición de reconocimiento de la mujer para que llegue. Me tocó igual cuando fui decana de la facultad de medicina, por circunstancias especiales. Todavía falta mucho en la Universidad para que se reconozca que una mujer tiene la capacidad para estar en una posición directiva de la responsabilidad de una rectoría. Fíjese que entre los estudiantes es superior el número de mujeres, pero en cuanto comienzan los nombramientos de docentes la proporción se invierte.

Bueno, eso es parte de su propia historia. Se graduó en 1949…
Ustedes ni habían nacido.

No. Pero usted tuvo problemas en la carrera por ser mujer, ¿verdad?
Pues mire. Dentro de las dificultades y falta de apoyo que para la mujer ha existido, y dentro de los problemas que les toca vivir a muchas mujeres de acoso sexual, de marginación por género, yo he tenido suerte en la vida. Pero también he resistido muchas cosas que tal vez a otros les pudieron haber desilusionado… Siempre he contado que al ingresar a la universidad el primero que me trató de detener fue el decano de la carrera de medicina. Él me planteó que medicina era una carrera para hombres, que nosotros teníamos un lugar en la cocina, cuidando a los niños, cuidar la casa, el esposo… Ya ahora no se dice mucho. Llegaba yo con buen récord y él me dijo “qué bueno que te han dado premios y no sé qué. Pero a partir de ahora dedicate a la casa. Hasta aquí llegaste. En anatomía te aplazan”.

¿Y qué le dio por seguir estudiando? ¿Por qué no se fue a su casa?
Yo tuve una madre que me apoyó mucho. Una familia que también me apoyó. En mi casa había un primo que tenía muchos amigos que eran estudiantes de medicina, y a mí siempre me gustó lo que ellos decían. Pero yo posiblemente no hubiera estudiado medicina en una universidad como la de ahora. Me hubiera inscrito en matemáticas.

Pero entonces no había matemáticas.
Me llevó una prima a la facultad de ingeniería, y yo veía que salían a la calle con sus aparatos, como topógrafos, y me aterró la idea de hacer eso. Yo quería matemáticas. Y como no había matemáticas me metí a medicina.

A ver. A usted la llevó una prima a la universidad. Para la época, eso significa que su familia era algo singular, en la que las mujeres no tenían problema pensando en estudiar.
Mi mamá quería que yo fuera profesora normalista. Esa era la imagen de una muchacha exitosa. Y cuando estaba chiquita me gustaba tejerle los vestidos a las muñecas y mi madre me decía que tenía vocación para modista, que también era una figura respetada en la sociedad salvadoreña. Los vestidos no venían hechos y la modista era una alta figura. La otra era ser profesora normalista.

No eran muchas las opciones entonces…
No. Por eso decía mi mamá que yo traía para maestra, porque me gustaba hacer escuelitas, enseñarle a los cipotes a leer.

No me diga que desde entonces quería ser rectora de la Universidad.
¡Imagínese! Cuando uno lee la historia de la universidad, y ve las figuras que han sido rectores… En los últimos años la cosa ya… pero en aquella época eran señores de barba larga. Las generaciones importantes, las figuras más connotadas, los intelectuales más calificados del país: Navarrete, Darío González… las grandes figuras.

Pues ya es usted parte de esa lista. La primera mujer.
Pero no sólo es la universidad. Hugo Lindo fue uno de los mejores profesores que yo tuve en la secundaria. Yo estudié en el Instituto Nacional Francisco Menéndez. Militarizado. Fue horrible, porque los militares nos consideraban a los civiles como enemigos. Pero a las mujeres nos trataban como ciudadanos de segunda categoría, nos ponían a hacer cualquier cosa. Eso sí: el componente académico del instituto yo le voy a decir que en ese momento era superior al de la universidad. Don Saúl Flores, Hugo Lindo, Echegoyén, don Benigno Siliézar… los mejores matemáticos, hombres de letras… no trabajaban en la universidad, sino en la secundaria. Era un lujo que se les nombrara en el instituto. Imagínese ahora cómo está el instituto y cómo estaba entonces. Quedaba donde ahora está la alcaldía. Yo vivía en la Viga, allá por San Jacinto, y a veces a las seis de la mañana bajar la cuesta de la Vega, subir la de la Policía, hasta el Instituto. En ese tiempo no nos íbamos en bus porque no lo podíamos costear.

¿A qué se dedicaba su familia?
Mi mamá, su hermana mayor que era la jefe de familia y otra hermana tenían un negocio, una tienda que era la precursora de los supermercados de ahora. Vendían de todo. Que hilo, que cositas chinas, bebidas, comida e incluso tres o cuatro veces al día ofrecían el desayuno. Esa tienda nos formó a nosotros, de ahí estudiamos.

Sólo habla de su mamá. ¿Y su papá?
Mi papá murió cuando yo tenía nueve años. Pero es más, mi padre era abogado y yo soy hija de madre soltera. Y yo era hija única, aunque a las hijas de mis tías les llamo mis hermanas. Hemos sido una familia muy gregaria. En mi casa el sábado todo el mundo se reúne. Somos como diecinueve o veinte personas. Somos muy cercanos.

Me llama la atención que son puras mujeres.
Sí. A mí me criaron mujeres. Tres mujeres y una madre que tuvo mucha habilidad para educarnos. Ella cuando me tuvo a mi fue como que se escondió. Cuando tenía que ir a recoger un premio que me daban, o que salía bien en colegio, era la tía la que iba, mi tía Isabel. Mi mamá se quedaba en la tienda y después se encerraba a leer. Yo nunca he visto una gente que conozca más a la sociedad salvadoreña como ella, y la conocía a base de periódicos. Ella conocía todo en el mundo y lo nacional sin salir nunca. Sólo leía periódicos. Creo que leía hasta los clasificados. Era una enciclopedia formada en el periódico. Y mi madre de tanto leer no cometía errores de ortografía, porque entonces en los periódicos no había tantas faltas de ortografía como ahora.

¿Y su época rebelde, su relación con grupos revolucionarios?
Hay algo en la vida de uno de apoyo desde el inicio al proceso revolucionario al final de la época de Martínez. Ahí colaboramos mucho con gente como Fabio Castillo, con los señores que estaban asilados en las embajadas. Participé en el AGEUS, aquella ventana que tenía la universidad en el propio centro de la ciudad, ahí pasaron enfrente muchas cosas. Siempre fuimos como marcados a lo largo de la vida, la izquierda de la universidad, pero creo que fue por la salida que tuvimos de aquí.

Usted se fue en el 72 después de la toma de la Universidad, ¿verdad?
Sí. El 19 de julio fue la toma de la universidad, yo me fui a fines de julio y no volví hasta finales del 94.

¿Dónde estuvo?
Estuve en México cinco años, en Venezuela tres años… Cuba, Haití…

¿Nunca se casó?
Cómo no. Mi esposo murió en los primeros años de estar en México. A partir de ahí me quedé soltera y me quedé suelta. Después trabajé con Colombia, Bolivia, República Dominicana… Después me fui para Washington, y ahí tuve la experiencia más hermosa con la formación de personal de salud pública internacional. Era lo que llamaban la Universidad de la doctora Rodríguez. Me dieron luz verde para hacer el programa de formación de personal.

Pues no es la primera vez que le atribuyen el nombre de un proyecto. En la Universidad construyó un edificio al que llamaban “la Chabela Hilton” en su honor…
Ja, ja, ja, ja, ja. Usted ya lo vi que se averiguó todito.

¿Pensaba que no sabíamos? Ja, ja, ja, ja.
Imagínese, el Chabela Hilton. El primer edificio grandote. Me criticaron mucho públicamente porque el costo del edificio se incrementó con el terremoto del 66 y hubo que hacerlo antisísmico. Y ahí sigue.

También se sabe de sus excelentes relaciones con científicos de primer nivel, como Salvador Moncada, y no sé si se ha aprovechado eso.
Ha venido ya dos veces. Salvador está ahora con un problema muy serio. Está tratando de construir en España una aspiración que España ha tirado al mundo de convertirse en una potencia científica mundial. Se ha metido de cabeza con los españoles a pesar de que su centro es Londres. Me acaba de enviar un folleto la semana pasada. Pero el hombre está dividido entre Londres y España. Lo pasan enamorando de todos lados.

¿Y usted no podría enamorarlo?
Es difícil. Además está casado con una mujer, una princesa belga, y está metido en líos de herencia y demás. Fue difícil que viniera a la inauguración del Centro de Investigaciones, y creo que no fue suficientemente explotado en el país la calidad de las personas que vinieron. Estuvo la mejor gente del mundo en salud. Tuvimos a un individuo que fue director de la OMS por tres periodos y enarboló en el mundo la bandera de la salud para todos. Y no quería venir porque dice que ya no quiere hablar en público. Dice que ya sus palabras suenan huecas en este mundo inmoral, ha enarbolado la salud pública, no privada.

Usted ha sido una fuerte defensora de la no la privatización de la salud
Sigo creyendo que hay mucho por hacer. En este momento hay médicos especialistas, jefes de servicios, arrinconados en una barraca del Hospital Militar, interrumpiendo su formación. Eso me duele.

¿Piensa involucrarse en una propuesta de reforma de salud?
Es inaudito que una huelga haya durado ya diez meses. Desde la Universidad creo que debemos aportar.

¿Qué piensa hacer cuando deje la Universidad?
Ya no me va a quedar tiempo, ja, ja, ja, ja. Quiero apoyar cualquier movimiento para ayudar a que la Universidad siga creciendo. Y quiero escribir.

¿Sobre qué?
Mire, el crecimiento de la Universidad en este momento es un tema de todos. Yo si todavía estoy lúcida seguiré contribuyendo a eso. Ahorita la Universidad ha recuperado espacios, a la Universidad se le quiere.

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