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DEPORTES

La revolución del Barça

Sin títulos nuevos en sus vitrinas. Sin grandes fichajes hasta el momento. Con un entrenador y un presidente novatos. Con una arriesgada apuesta por regresar al fútbol alegre y eficaz. Así enfrenta el Barcelona su último intento por retornar al glamour de la competición española y europea.
Héctor Silva Ávalos/Barcelona
cartas@elfaro.net
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Último partido de la liga 2002-2003 en el Camp Nou. El Barcelona se juega, ante el Celta de Vigo, su última oportunidad de rescatar, aunque sea por muy poco, una temporada mediocre. Tiene que ganar para llegar a la quinta plaza y entrar a los puestos que le permitirán competir por la copa UEFA. El equipo cumple su tarea ante poco público: unos 40.000 espectadores de los más de 90.000 que caben en el estadio. Con un impresionante despliegue de Saviola, Mendieta, Overmars y un 2-0 contundente, los azulgrana hacen uno de los mejores partidos del ejercicio. Pero no basta: la grada no se conforma con una plaza secundaria en Europa o con una buena demostración. Este público, orgulloso y exigente, guarda un silencio atronador desde hace mucho tiempo; una escandalosa apatía con la que Joan Laporta, el recién elegido presidente del club, quiere acabar: “Devolver al Barça al puesto deportivo y mediático que le corresponde”, fue su principal eslogan de campaña.

La apuesta pasa por volver al estado de ánimo que inundaba la ciudad en los primeros 90s, cuando el Barça era, en efecto, dueño de su ciudad, de la liga, de Europa y del mundo. Quizá por eso la sombra de Johan Cruyff ha asomado otra vez en los despachos del Camp Nou. El Barcelona está en plena revolución y no son pocos los que reconocen, en el más que probable dibujo táctico que el entrenador Frank Rijkaard aplicará la próxima temporada o en los indicios de la nueva filosofía deportiva, la influencia del mítico holandés, uno de los grandes referentes europeos del fútbol ofensivo.

La tesis que se maneja en voz baja es que el Barça de Laporta quiere reconstruir la esencia del “dream team”, el que dio cuatro ligas y una copa a los azulgranas. “Se trata de recuperar el juego ofensivo, por las bandas. De volver al equipo que divertía”, asegura Ramón Besa, redactor jefe de la sección deportiva de El País en la ciudad condal. Más que un capricho, los barceloneses quieren creer que la reestructuración de su equipo pasa por ser una vuelta al glamour del juego. Sobre todo en estos días que el Madrid, con su glamour galáctico, no para de ganar títulos.

Los ¿nuevos? tiempos

Pocos, dentro del club “blaugrana”, reconocen abiertamente el factor Cruyff –eso no sería políticamente correcto, porque podría alejar del nuevo proyecto a quienes repudiaron al holandés cuando sus desavenencias con el ex presidente Josep Lluis Núñez estuvieron a punto de causar una guerra civil en el barcelonismo–. Pero tampoco lo niegan. “Respeto mucho a Johan. Está claro que sus consejos me servirán, pero yo estoy por hacer mi propio camino”, decía Rijkaard a El Faro poco después de su presentación como nuevo timonel del Barcelona. Su designación como entrenador, sin embargo, puede haber sido el primer guiño de la nueva directiva. “Cuando Cruyff vino en el 88 lo avalaba su gran palmarés como jugador, no como técnico, igual que ahora a Rijkaard. Ambos vienen de la escuela del Ajax, que es sinónimo del mejor fútbol ofensivo europeo, ese que tanto ha gustado aquí”, apunta Besa. El periodista reconoce otro matiz: Rijkaard, además, representa al Milan que impidió a la “Quinta del Buitre” del Madrid conquistar Europa a principios de los 90s.

En algunas ideas de Txiki Begiristain, ex jugador del equipo de ensueño y nuevo secretario técnico del club, también se pueden descubrir algunos “tics”. “Es pronto para hablar de un dibujo táctico, pero lo que más parece posible es un 4-3-2-1”, dice. Esto significa, aunque Txiki no pronuncie la frase, abrir las bandas, como lo hacían él mismo, Witschge, Amor o Ferrer.

Fútbol ofensivo, en suma, basado en la filosofía deportiva de Cruyff, pero de un alcance mucho menor. Y es que el Barcelona, tal como pintan las cosas, no contará con armas demasiado potentes la próxima temporada. “Los jugadores que marcan diferencias están en el Madrid”, apunta Santiago Segurola, jefe de deportes en la edición nacional de El País. A falta de los cracks, que siguen negándose a recalar en la casa azulgrana, se supone que el Barça apostaría por ir de menos a más, de la humildad a la celebración. “Creo que habrá que esperar un equipo más con el talante del Celta o el Valencia en los últimos años que a igualar el despliegue del Madrid”, asegura Besa.

Lejanos parecen los tiempos en que el Barcelona era el punto de referencia de los fichajes. Los años en que, tras pelear por la llegada de Alfredo DiStefano –una de las primeras grandes batallas perdidas ante el Madrid–, el club contrató a Kubala. O, más cerca en el calendario, cuando Zidane, mucho antes de ser galáctico, se interesó por vestir la elástica del Barça. Cuando Maradona. Ronaldo. Romario. Rivaldo. Y Figo. Con el traspaso del portugués al Real Madrid, según la tesis de Ramón Besa, el Barcelona cedió su poder de convocatoria al equipo de la capital. Hoy, el Barcelona apuesta por una revolución que no se base en los grandes nombres –a pesar de que la llegada de al menos un crack parece indispensable en la agenda de Laporta–, sino en un nuevo esquema táctico que se encargarán de dibujar Txiki y Rijkaard, dos viejos conocedores del “feeling” cruyffiano, y el nuevo rostro que ha designado Laporta: Sandro Rosell, ex ejecutivo de Nike reconvertido en vicepresidente deportivo.

Los primeros síntomas apuntan a ruptura con algunas tradiciones. A falta de grandes jugadores, el fichaje del Barça es Joan Laporta; las miradas, ahora, estarán más dirigidas al palco presidencial que al banquillo. A falta de un gran entrenador habituado a mandar sin muchas interferencias –Van Gaal, Antic, Menotti, Venables, Robson–, hay un novato que no pierde oportunidad para repetir que está muy dispuesto a jugar muy cerca de la directiva. Como sea, estos cambios son apenas señales, en las que esta ciudad parece dispuesta a creer.

El dibujo táctico

Txiki Begiristain apuesta por un esquema táctico que, de entrada, mandaría a volar la herencia de Louis Van Gaal, el último técnico que dio títulos al Barcelona. Si el holandés apostó por un fútbol práctico, en que la parte defensiva era fundamental y el ataque se basaba sobre todo en las innegables dotes de Rivaldo, el vasco apuesta por volver a un planteamiento en que el ataque empiece desde la última línea. Un dibujo en que todo, o casi todo, esté al servicio del gol.

El 4-3-2-1, que Begiristain lanza casi de forma casual desde su despacho en el Camp Nou antes de advertir varias veces que es una posibilidad, respondería a la idea que acaricia Rijkaard: “reforzar la defensa para jugar al ataque. El Barça ha encajado demasiados goles en los últimos tiempos”. Entre las palabras de ambos y las cábalas de algunos periodistas es posible dibujar una posibilidad del nuevo once azulgrana.

El mexicano Rafael Márquez, recambio a un envejecido De Boer, sería el llamado a sacar la bola a ras de suelo por su capacidad para funcionar como pivote frente a una línea de tres defensas –puesto que ya desempeñó con éxito en el Mónaco de Didier Deschamps–. Sería el principio del ataque, como lo definió el escritor mexicano Juan Villoro. Tras él, una línea de tres. Begiristain apuesta por la contratación de un central duro que barra sin contemplaciones para que Carles Pujol regrese a su puesto natural, el lateral derecho, y Reiziger juegue por la izquierda.

En la media Overmars tiraría al carril izquierdo y el recién llegado Quaresma al derecho. Ambos son veloces y abren bien las bandas, por lo que se espera que Cocu, el llamado a ocupar el puesto central de contención, tendría mucho trabajo. Primer problema, ¿quién distribuye juego? A falta de un nuevo Pep Guardiola, vía fichaje o cantera, el llamado sigue siendo Xavi. Si finalmente Ronaldinho llega al Camp Nou, él podría ser la media punta de enlace con el nueve, que, según todos los signos, volverá a ser Kluivert. Si el crack brasileño no arriba, lo cual parece probable debido a sus exigencias económicas y a la puja del Manchester, ese puesto sería para Luis Enrique. Los argentinos Saviola y Riquelme serían los grandes perdedores; el ex de Boca ya es moneda de cambio en el mercado y el “conejo” tendría que buscar la alternancia en la punta del ataque.

En la meta, Besa apuesta que el flamante Rustu tendrá que pelar muy duro la titularidad con el canterazo Víctor Valdez.

La complicada sicología del Camp Nou

Un par de apuntes históricos permiten hacerse una idea de cómo en el Barcelona la grada y el entorno –la prensa y los poderes fácticos– ha influido en la conformación de equipos y en la aceptación o no de los jugadores que han pasado por el Camp Nou.

- En su paso de dos años por el Barcelona (1982-1984), Diego Maradona nunca terminó de sintonizar con la grada. “Hacía todo, pero el club no lo sentía suyo. Es bueno pero no es nuestro, pensaba la gente”, comenta Besa, quien sigue la actualidad del Barça desde hace 20 años. El club lo transfirió al Nápoles por 10 millones de dólares –un récord entonces–. En Italia, sin duda, los “tifosi” si lo sintieron suyo. Algo similar ha pasado con Juan Román Riquelme, otro argentino.

- Andoni Zubizarreta, el último gran portero del Barça, pasó unos primeros años muy difíciles bajo los tres palos azulgranas. A pesar de su corrección y continuidad, el público le silbaba. Quizá porque los culés añoraban demasiado a Urruticoechea, un meta que a pesar de encajar muchos más goles de los penaltis que paraba, fue mimado en el ideario culé.

- Josep Guardiola, el ídolo entre los ídolos del “dream team” por ser hijo de la casa, salió por la puerta de atrás del club. Su representante incluso fue tildado de traidor cuando quiso mejorar el contrato del mítico cuatro.

- El síndrome Figo. Según Besa, el Barcelona vive con un trauma constante desde que el Madrid le arrebató al portugués. “Han contratado a Geovanni y a Simao para llenar el hueco. Y ahora hacen lo mismo con Quaresma”, dice. Luiz Felipe Scolari, seleccionador de Portugal, ha advertido a los culés que no esperen demasiado: “es un futbolista con un futuro muy prometedor, pero necesitará ganar mucha experiencia y mucho acompañamiento para no pasar las mismas dificultades que sus antecesores”.

 

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